Hoy toca desvariar un poco.
El otro día y con motivo de hacer un álbum para una despedida, rebuscaron entre el archivo de fotos de la familia para ver que encontrábamos. Siempre que lo hacemos me encuentro con alguna sorpresa. Esos pelos! Que chaquetas! ¿Hombreras en una comunión? Vade Retro, Satanas!
Y entre las sorpresas te encuentras que tú eres tu padre, que vienes del pasado para destruir el futuro a lo Sarah Connor y que, aunque te digan que quedan bien, las canas están ahí para quedarse y tú ya no eres el pequeño.
No es un gran descubrimiento, porque aunque me sigan gustando los muppets lo sé. Cada uno tiene sus vicios, sus cosillas. Los míos son las galletas, los muppets y devorar información venga de donde venga y de la índole que sea.
Y es que esta inquietud me viene desde pequeño. Siempre me gustó lo de desmontar linternitas y que luego no funcionasen porque sobran piezas. Sí, de una linterna pueden sobrar piezas, porque siempre que hay dos piezas, una sobra.
Y es aquí donde enlazamos con el principio, las fotos. Esta es la que apareció el otro día.

Parezco un personaje salido de Chip y Chop o de alguna serie de niños exploradores. Espero que fuese un pijama y no un chándal, porque sino bien bonito que iba yo ahí conjuntado a lo Paco Porras. Lo peor es que me gusta. Tengo pinta de estar comiendo algo rico.
Y de esta, paso a otra. Porque aunque no lo creáis, y viéndome comer en la actualidad, hubo un breve espacio de tiempo de 2-3 años durante los que fui pequeño (no como Urias que nació midiendo 1.5 y con 2 de BUP acabado), rubio y gordito. Muchos ya la habéis visto, pero para los que no, aquí tenéis.

Me encanta ponerme en ridículo y que todos hagan “Oooh! Que mono!” Cuando yo realmente lo enseño para que veáis que sofa más horrible
Y recordad, que cuando se dice lo de “todos tenemos un pasado” es cierto. Y yo era gordo rubio y feliz. ¿Y ahora? Pues ni gordo ni rubio, pero por feliz que no sea.
Buen fin de semana a tod@s.
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